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Series y videojuegos: todo lo malo es bueno



El estudio que afirmaba que series como Bob Esponja generan problemas de atención en los niños más pequeños está muy mal enfocado porque se refiere a un producto que no está destinado al público preescolar. Puede que dé más información visual de la que pueden procesar los chicos de 4 años, pero es porque no está pensada para ellos. Por eso es recomendable tomar todos esos estudios con pinzas, ya que ignoran tanto el gran cuidado que ponemos en nuestras series como los controles que hemos de realizar. En Cartoon Network, por ejemplo, nos obligan a pasar un test de velocidad de imágenes para asegurarse de que el ritmo narrativo no va a generar problemas visuales o de ansiedad en los niños.

Además, todos los creadores ponemos mucha atención a la hora de poner en marcha las series destinadas a un público infantil. En Pocoyó o en Jelly Jamm, lo pedagógico es muy importante. La estructura de cada capítulo, que está muy cuidada, se ha pensado para transmitir a los niños alguna enseñanza de una forma no dogmática. Tenemos un education adviser que revisa los guiones para ver si estamos fuera de nuestro target, nos quedamos cortos en algún punto o si hay detalles que deberían desaparecer. Y por último, las cadenas son muy exigentes en ese sentido, puesto que saben que, como muchos padres ven los dibujos con sus hijos, si hay algo fuera de la norma de calidad van a protestar seguro.

Lo que ocurre es que a partir de los 8 años los productos audiovisuales dan un salto. Los niños de esa edad ya no consumen televisión sino videojuegos, por lo que se les intenta ofrecer un producto que acepten. Ya no se preocupan tanto de transmitir valores y sí de entretener. aun cuando casi todas estén estructuradas desde la lucha del bien contra el mal como valor principal. De cualquier manera, incluso en productos de animación más adultos, siempre hay un valor que subyace, que va desde el cuidado de la tierra en los Gormitis hasta la lucha del bien contra el mal en Ben10.

Las series nos hacen más inteligentes

Aunque es cierto que cada vez parecen más complejos. Del mismo modo que las series para adultos se construyen sobre las anteriores y se hacen más inteligentes (en algunas tienes que echar mano de un libro de instrucciones para orientarte) también los dibujos animados se han hecho más complicados de seguir. Se nota mucho en mangas como Naruto, por ejemplo, que cuenta con personajes con mucha fuerza y donde los malos malísimos tienen mucha tragedia detrás y por eso te atrapan. Si los chicos son capaces de entender la complejidad de los personajes de Bola de Dragón y de su árbol genealógico, ya han aprendido la mitad de lo que tienen que hacer para interesarse por la historia.

Por eso hay que dar la razón a Steven Johnson cuando decía en su libro sobre los productos audiovisuales que "todo lo malo es bueno para ti", ya que todo eso que a veces contemplamos como perjudicial, como las series o los videojuegos, nos hace en realidad más inteligentes.

Eso no quita que tengamos poner especial cuidado con el público preescolar. En primer lugar porque tienes que hacer un producto que sea rentable pero que también perdure en la memoria de los espectadores. Y además tienes que conseguir una serie de calidad, tanto en lo formal como en los valores que defiende, porque hoy los padres estamos muy pendientes de las series y somos mucho más críticos. De modo que no sólo tienes que ganarte a los niños, lo que podría ser fácil, sino que debes convencer a unos padres que exigen narraciones que ética y técnicamente sean de calidad.

Los dibujos animados son maravillosos, quién no atesora alguno en sus recuerdos. Como en todo, hay que tener un consumo responsable: si no te quieres encargar de tus hijos y les pones delante de la tele para que no te molesten seguro que sufrirán algún déficit. Pero si no es así, disfrutarán y aprenderán con ellos. Yo me he criado con los dibujos animados y no me ha ido mal en la vida: soy una buena persona.